Para la mayoría de los ciudadanos las campañas para la elección de jueces y juezas pasó desapercibida en su primer día. Los topes de campaña que se impusieron en el gasto que pueden realizar los candidatos, prácticamente dejaron a los aspirantes el camino de ir como buenos cristianos de congregación, casa por casa, también a los cruceros, a las plazas públicas y hasta el autobús a pedir el voto.
Aquellos bombardeos de información en las redes sociales también quedaron apagados. Los candidatos no pueden meterle dinero al Facebook o cualquier red para potenciar publicaciones, pero pueden hacerlo de manera orgánica, lo que inutiliza está herramienta y evita que los veas en tu muro cada vez que entras. ¡Bien por esa!.
Tampoco pueden pintar bardas, subir espectaculares o pagar spots de radio y televisión. Hay que decirlo nuevamente, solo pueden ir cada por casa como los buenos religiosos insistentes de las congregaciones religiosas que hay en Juárez y los que persiguen los tazos dorados.
Es una realidad, los topes de campaña impiden que se promueva el voto informado. Los candidatos a juzgadores sólo pueden destinar lo que se les autorizó a viáticos, traslados y gastos personales. En ese escenario las estructuras políticas son las que definirán la elección, no faltará el acarreo y compra de votos, todo indica que para eso se diseño el esquema para la elección extraordinaria del 1 de junio.
