Ni porque el caso del crematorio del horror y del terror que le dio la vuelta al mundo e incluso fue tema en las mañaneras del pueblo de Claudia Sheinbaum, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) ha intervenido en defensa de los derechos de las más de mil familias que han acudido a Fiscalía de Distrito Zona Norte a identificar a los ya 386 cuerpos encontrados apilados el pasado 26 de junio.
En abril de este año, Efrén Miramontes Luevano asumió la titularidad de la Profeco en sustitución de Sergio Pablo Tejada González, quien se había destacado por ser un inútil para defender a los consumidores y ser tan amigo de los empresarios que terminó integrándose a la Canaco Juárez en abierto conflicto de interés y de corrupción, claro está.
Pero Miramontes salió peor que Tejeda. Su rostro no lo conoce ningún medio de comunicación, menos los ciudadanos afectados por algún abuso del comercio. No ha lanzado una sola campaña para difundir los derechos de los consumidores y su oficina en Plaza de las Américas tiene más telarañas que una casa abandonada.
Quizás aparezca en el arranque del Buen Fin, que se ha convertido en el tradicional escenario donde la Profeco se para, pero para avalar y defender a los empresarios de los consumidores.
En el caso del crematorio, Efrén y la Profeco extrañamente no han dicho una sola palabra, lo que empieza a levantar sospechas de corrupción por la protección indirecta que están brindando a las funerarias y al crematorio del horror.
Mientras tanto, la Fiscalía de Distrito Norte logró identificar 3 cuerpos más entre la pedacería de partes humanas que se localizó en el crematorio, por lo que suman ya 386 los localizados. Al mismo tiempo, más de mil familias han acudido a identificarlos y han puesto en evidencia que el fraude no se limita a los deudos de los cuerpos encontrados; hay casos en que les entregaron arena para gato, pero el cadáver de su difunto no se encontrará en el crematorio. La perversidad y las atrocidades que se destaparon en el crematorio son más grandes de lo que se imagina la gente.
