Mientras que el alcalde Cruz Pérez Cuéllar alistaba su convoy electoral, en el que carga hasta con los fotógrafos de presidencia y escoltas pagados con recursos públicos y hasta con la Pechocha para que le eche porras, las corporaciones federales y estatales le daban otra desconocida en Ciudad Juárez, bueno, dos, otra en Chihuahua. Una el viernes cuando le reventaron el bar Lupe Lupe regenteado por policías municipales que forman parte de La Empresa y otra el domingo cuando regresaba de regalar mobiliario escolar adquirido por la agrupación Más por Chihuahua con dinero de los juarenses en el municipio de Delicias.
Este último percance es consignado en columnas de medios de la ciudad de Chihuahua que señalan que la caravana integrada por camionetas blindadas en la que se transporta Pérez Cuéllar hizo de las suyas en la caseta de Sacramento, donde terminó rodeado por elementos de la Guardia Nacional, ya que parecía un convoy como el de los tiempos del famoso líder de la Línea apodado El Cumbias cuando viajaba allá por Creel y Madera y como los que actualmente incursionan en Guachochi, Guadalupe y Calvo o Casas Grandes.
Los escoltas llamados “guardias presidenciales” bajaron armados hasta los dientes haciéndola de emoción a los federales, lo que elevó las sospechas de que se trataba de un grupo delictivo. Nada más las sospechas por lo placoso de los crusistas, pero los federales prefirieron dejar en sus reportes que no se confirmó que se tratara del Guacho o el Guerito, a quienes identifican como líderes de facciones del cártel de Juárez que dominan el noroeste y la frontera. Solo asentaron que algunas armas no traían a la mano los permisos de portación y estaban fuera de su jurisdicción.
La otra desconocida se la brindó la Fiscalía de Mujeres a los muchachitos de El Cara de Guante, como le dice el diputado Pedro Torres al alcalde.
Fue en el cateo del bar Lupe Lupe, antes el Old Mesa de la Tomás Fernández, donde desmantelaron una red de tratantes de blancas que ofrecía niñas de 15 años y hasta 18 años por 5 mil pesos a los clientes del lugar, además de drogas al menudeo como si fuera mandado del Smart.
Los medios de comunicación consignan que en el establecimiento trabajaba un elemento de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM) –de iniciales J. C. J.– “que funge como jefe de seguridad y vende droga en el lugar, porta la placa y arma en todo momento y otras dos personas que también están armadas”, es decir, la investigación de la FEM comprobó una vez más la protección al crimen organizado que brinda la Policía Municipal que dirige César Omar Muñoz Morales y defiende el alcalde Cruz Pérez Cuéllar, pero seguramente dirá que es guerra sucia en su contra. ¡Así las cosas en Cruzilandia!



