No pues si ya Cruz Pérez Cuéllar tiene sumados a su proyecto político por la gubernatura a grupos que han hecho tanto daño a Juárez como los Ludico ligados a La Empresa y al tráfico de migrantes y montones de expriistas y expanistas, qué más da sumar una secta, al fin y al cabo el obispo Jose Guadalupe Torres no se mete en los temas políticos ni alza la voz por la problemática social de la frontera y con él también puede sentarse a tomarse un café presentándose con sus pulseras santeras.
Y llamó la atención por qué es una de esas sectas coaching que lucran con la baja autoestima de sus integrantes y que alaban el ego como se lo alabaron a Pérez Cuéllar cuando fue recibido la semana que terminó por el grupo femenil autonombrado 300 Amazonas del Cambio.
Estos grupos ya han sido denunciados en otras ciudades del país donde han exprimido el bolsillo a sus integrantes a quienes manipulan y mandan a recaudar fondos para enriquecer a sus líderes. En Juárez nomás han cambiado de nombre y encontraron en Pérez Cuéllar justo a la persona necesitada de halagos zalameros, con baja autoestima, que refleja en sus discursos la necesidad de que le toquen el ego, aunque para eso ya tiene un montón de colaboradores expertos en lustrar zapatos y prácticamente todo el control mediático para manipular la opinión pública a costa del erario.
O acaso será pragmatismo como el que lo llevó a dejar la camisa azul para ponerse la naranja, después la guinda y comprar la verde por si acaso sigue cayendo su proyecto político en Morena.




