Brigadistas a quienes identifican con el hermano incómodo, Alejandro Pérez Cuéllar, a quien no se le conoce en las colonias más allá del apellido, se están dedicando en los últimos días a borrar las bardas con leyendas alusivas a Gil Loya.
No es coincidencia, ni fueron hechos aislados, ni son vecinos los lugares donde fueron colocadas; los brigadistas que las borraron operaron en distintas colonias donde simpatizantes de Loya las habían colocado. Es la forma de trabajar con marrullería electoral de quien ha sido durante toda su vida la sombra, el limpiador de lágrimas, de cola y el que lidia con los segundos, terceros y hasta cuartos frentes y capillitas del alcalde ausente de Juárez. Es quien hace el trabajo sucio y recibe los berrinches cuando todo va mal, que es muy seguido, por cierto, porque ninguna encuesta los posiciona y, por el contrario, exhiben el descontento social que va creciendo hacia el gobierno municipal que usa las siglas de Morena.
Las versiones sobre los motivos del lobo, más bien mapache, son variadas, pero todas coinciden en que la incomodidad que le genera Gil Loya a Cruz y su hermano va en aumento junto con el crecimiento de la figura política de quien es el verdadero artífice de que estén disminuyendo los delitos de Ciudad Juárez; clave fue decomisar arsenales de armas vinculados con policías municipales y La Empresa, además de la detención sin distingos de grupos delictivos de quien comete delitos. En la municipal que dirige César Corleone sí hacen distingos y no es un secreto que hasta forman parte de La Maña. Son motivos suficientes para los berrinches que se suman a los que ya había hecho públicos en sus conferencias semaneras.
En las semanas recientes, Gil Loya se empezó a escuchar con más frecuencia en los terrenos de la política, su imagen a repetirse en distintos puntos de la ciudad, por los resultados en seguridad en todo el estado, y eso le caló a Cruz Pérez Cuéllar, quien mantiene abandonada la ciudad donde se supone que es presidente municipal.
Le caló el ritmo, le caló la estructura y, sobre todo, le caló la percepción de que el escenario fronterizo ya no es exclusivo. La política local entró en una nueva fase. Y cuando los equipos pasan de la estrategia discursiva a la acción territorial, es porque la contienda dejó de ser preventiva y se volvió defensiva. Borrar bardas manda un mensaje; alguien sintió presión y eso que la campaña aún no empieza.


