Se cumplieron esta semana 10 años de la visita del Papa Francisco a Ciudad Juárez. Fue en el año 2016 y vino tras la invitación que le realizó el entonces presidente municipal de Ciudad Juárez, Enrique Serrano Escobar, para que trajera un mensaje de paz que incluyó el tema de los migrantes.
Era un año electoral, todavía se respetaba la ley y no era pisoteada con campañas anticipadas ni recursos públicos como lo hace ahora uno de los peores y más corruptos alcaldes que ha tenido Ciudad Juárez en su historia, que se conoce pese al silencio comprado en los medios de comunicación. No tengo dudas.
Meses antes de la visita papal, cuando esta se confirmó, Serrano Escobar se comía las uñas de la impaciencia porque todavía no estaba definido quién sería el candidato del PRI a la gubernatura y en la contienda interna participaba Teto Murguía, contra quien maniobraba políticamente César Duarte para que no fuera el elegido. No es ningún secreto. Las denuncias de Jaime García Chávez por corrupción en el Estado también permeaban el ambiente político y le abrieron la puerta a Javier Corral Jurado, quien las adoptó en su discurso electoral y engañó a cuántas personas lo escucharon.
Por la visita papal, Serrano estaba en una disyuntiva, pues tenía dos caminos: ir a recibir al papa como alcalde o recibirlo como uno más de los fieles católicos del rebaño.
La historia la conocemos. No recibió al Papa, le dieron la candidatura a la gubernatura del Estado y pidió licencia para que en su lugar asumiera el alcalde suplente Javier González Mocken, ya fallecido, quien también sería candidato dos años después a la presidencia de Ciudad Juárez en aquella controversial elección donde señaló que fue traicionado por morenistas que se aliaron a Cabada para robarle la elección. Dicen que un mero trámite de fondo omitido intencionalmente, echó abajo la defensa de los resultados en la sala Guadalajara. Por cierto, quien trabajó en esa impugnación, se afilió después a Morena y comparte la nómina Cruz Pérez Cuéllar, la nómina legal, no la nómina secreta que se creó en la alcaldía principalmente para comunicadores.
González Mocken, como alcalde suplente, fue quien recibió al Papa, mientras que Serrano se fue a la elección que perdió frente a una Javier Corral Jurado que se apropió en su discurso de todas las denuncias de Jaime García Chávez en contra de César Duarte para ganar. Lo que siguió fue uno de los gobiernos que muchos chihuahuenses consideran de lo peor, y uno que otro le sigue el cuento al ahora senador independiente de Morena. En fin, hay nostalgia por la visita de Francisco a Juárez, al lugar que hoy la delegada de Bienestar tiene como cuchitril. La nostalgia es tanta que hay quienes dicen que si Enrique Serrano se hubiera quedado como alcalde, con Teto la historia de Chihuahua hubiera sido otra. Pero el hubiera no existe.

