Nadie sabe quiénes fueron los manifestantes que recibieron al profe Max Arriaga Navarro en el Aeropuerto de Ciudad Juárez; ningún medio de comunicación lo dijo, tampoco los cafetaleros del Samborsns lo supieron y, en los comederos capitalinos, algunos aplaudieron creyendo que se trataba de una más del crucismo neomoreno defendiendo a Mario Delgado.
En los corrillos políticos, algunos los identificaron como porros del crucismo aliados con Mario Delgado, algo así como therians chapulines avecindados ahora en el Partido Verde y otros como el ala de ultraderecha de la UACJ y hasta los profes del SNTE que ahora son paleros del alcalde juarense Cruz Pérez Cuéllar. También otros muy ingenuos los señalaron como ciudadanos preocupados.
Lo cierto es que nadie puede negar que fueron un grupo pagado, con evidentes tintes políticos; la mayoría con cubrebocas llevaron pancartas y con un guía que les dio la orden de «échenle cosas», «échenle gritos», para que sacaran el clásico “fuera, fuera” e insultos como “rata”, “los libros no son tuyos” para recibir al profesor de literatura Max Arriaga Navarro al bajar del avión. (Ver vídeo)
El exdirector general de Materiales Educativos de la SEP, al que Mario Delgado prácticamente echó del segundo piso de la 4T, llegó a Ciudad Juárez, Chihuahua, con la intención de reintegrarse a su plaza de maestro en la máxima casa de estudios de la frontera. Su salida dejó malparado al segundo piso, que terminó por marcar un distanciamiento del obradorismo al darle reverse a la llamada Nueva Escuela Mexicana, que en su momento tuvo un fuerte rechazo en la sociedad mexicana.
Su regreso no les gustó a algunos grupos que salieron increíblemente en defensa de Mario Delgado como no lo han hecho para defender a Ciudad Juárez de la corrupción del alcalde de Morena, Cruz Pérez Cuéllar, que hace más daño que cualquier libro, cuesta unas mil muertes al año, permite la venta de drogas en todos los centros nocturnos y tiene una veintena de denuncias por robarse los recursos públicos y regalarlos con fines electorales por todo el estado. Pero su regreso a Juárez evidentemente va a afectar al crucismo y a la ultraderecha académica. A Mario Delgado quizás no, ya el cinismo político es parte de su cara que muestra sin pudor por todos lados.




