LA pregunta no es cuánto gana un regidor por levantar el dedo y decir sí a todo lo que diga el presidente municipal Cruz Pérez Cuéllar y aprobar que el alcalde regale dinero, patrullas, bomberos, despensas y más recursos del municipio en otras ciudades del estado como parte de su campaña anticipada por la gubernatura. La pregunta es cuánto gana realmente el presidente municipal Cruz Pérez Cuéllar, que gasta más que si fuera él la familia Zaragoza, que pudo enviar a sus hijos, sobrinos como el Nepotito y demás parentela a estudiar y vivir en buenos departamentos en el extranjero; a sus hijas a viajar por el mundo; pagar lujosas casas en El Campestre (de donde lo echaron por corrupción) y luego en Los Nogales.
Al menos en transparencia, en los primeros años de gobierno se tenía declarado un salario anual de 1.5 millones de pesos, mientras que su casa en El Campestre, según él, costaba 70 mil de renta, algo así como 840 mil pesos anuales. Se la rentaba su amigo Daniel Pando, el articulista que escribe en El Diario de Juárez, que, dicen sus admiradores, llegó a Juárez hace algunos años proveniente de Meoqui vendiendo frijol a tienditas de abarrotes y algo más de productos agropecuarios. Se encubrió en el cabadismo como funcionario de Seguridad Vial y después de Comercio. Ganó lo suficiente para hacerse de algunas residencias en San Marcos y El Campestre, donde se hizo casero de Cruz.
El salario del regidor es peccata minuta; los ediles obviamente no ganan nada más que esos ingresos; si no, ¿cómo un Antonio Domínguez Alderete viviría en Estados Unidos, donde ya tiene el estatus de residente legal? Será que con un salario de 168 mil pesos le alcanzará para darse la gran vida que muestra en sus redes sociales. De los demás habría que ver si el estilo de vida corresponde a ese salario que, por cierto, no está actualizado en la página de Transparencia.
Dice la sabiduría popular que el amor, lo pendejo y el dinero son tres cosas que no se pueden ocultar. Se muestra en el estilo de vida que antes llevaba un simple Uber, que ahora tiene hasta gimnasio privado y gasta decenas de millones de pesos en campaña y tiene hasta un segundo, tercero y quién sabe cuántos frentes, en los que también se gasta en ellos.
El despilfarro es tanto en el Municipio que hasta la secretaria y nueva novia de Carlos Israel Najera Payan, el coordinador de Comunicación Social, se dé el lujo de viajar a España con su familia. De la Sindicatura no hablemos; son 21 millones de pesos en nómina anual tirados a la basura y nadie conoce en la ciudad a Ana Estrada, quien la dirige, que también fue regidora de Morena y brilla por su ausencia frente a la corrupción. Ah, eso sí, sueña con ser alcaldesa.
En fin, la camada de morenistas con camisa verde y tricolor son los nuevos ricos del pueblo.

