Por Adrián Ahjuech
En el gobierno municipal de Ciudad Juárez parece estarse formando una trilogía curiosa de funcionarios que nadie termina de entender. Funcionarios que ocupan cargos públicos, pero que dejan la duda de si realmente gobiernan, si hacen política o si simplemente calientan la silla. La primera entrega apuntó hacia Comunicación Social. Hoy la segunda parte recae en la Dirección de Ecología encabezada por César René Díaz Gutiérrez.
El programa del engomado ecológico es el mejor ejemplo de cómo una política pública puede deteriorarse cuando no hay liderazgo ni cercanía con la gente. La idea ambiental puede ser válida, pero la ejecución bajo César Díaz ha ido de mal en peor. No hubo diálogo con la ciudadanía, no hubo explicación clara del programa y nunca se construyó confianza.
Así que, cuando no sabes hablar con la gente, recurres al miedo.
Primero fueron las multas. Luego la presión administrativa. Ahora el nuevo argumento es que Estados Unidos podría exigir el engomado para cruzar hacia El Paso. Lo que no se logró convencer con información ambiental, ahora se intenta imponer con temor a perder el cruce fronterizo.
Eso no es política pública ambiental. Eso es presión.
El problema es simple: cuando un funcionario no tiene cercanía con la ciudadanía, termina gobernando desde el escritorio. Y cuando se gobierna desde el escritorio, se pierde la realidad de la calle. Si realmente existiera diálogo con los juarenses, se darían cuenta de algo sencillo: muchos ciudadanos sí están dispuestos a cumplir con la verificación, pero quieren claridad, confianza y resultados visibles.
Pero cuando no hay liderazgo, se recurre a terceros.
En 2025, cuando el programa no alcanzó los resultados esperados, la Dirección de Ecología decidió enviar a los concesionarios de los centros de verificación a comparecer ante regidores para explicar la caída en las verificaciones, – “la culpa es de la diputada” – decían. En lugar de que la autoridad defendiera su política pública, puso a los concesionarios a justificarla.
Un absurdo administrativo.
La función de un director de Ecología no es defender las ventas de un concesionario. Su función es diseñar políticas públicas que funcionen para mejorar el medio ambiente.
Las reuniones internacionales también han dejado en evidencia esa falta de liderazgo. En el Comité Conjunto Consultivo para la Mejora de la Calidad del Aire participaron autoridades y especialistas de Ciudad Juárez, El Paso y el Condado de Doña Ana en Nuevo México. Un espacio donde se discutía el futuro ambiental de la región fronteriza.
Era la oportunidad para mostrar trabajo y liderazgo.
Pero lo que ocurrió fue lo contrario: presentaciones técnicas de universidades y especialistas que terminaron evidenciando que la representación local no llevaba la batuta ni marcaba agenda. Ni siquiera en su propio territorio.
Y mientras los resultados no aparecen, las aspiraciones políticas comienzan a asomarse. Dentro del gobierno encabezado por Cruz Pérez, pocos funcionarios hablan de política. Pero César Díaz parece ser la excepción. Quizá una diputación. Quizá otro cargo público.
Cada vez más visible, cada vez más activo en escenarios políticos, como si la Dirección de Ecología fuera una plataforma rumbo a una diputación.
Pero en política hay una regla básica: primero se demuestran resultados, luego se buscan cargos.
Porque gobernar no es sentarse en un escritorio ni administrar un programa desde la presión. Gobernar exige liderazgo, conocimiento y cercanía con la gente. Y hasta ahora, el balance de César Díaz al frente de Ecología deja una conclusión incómoda: mucha imposición, poco diálogo y casi ningún resultado.
Y hasta ahora, el balance del engomado ecológico bajo la gestión de César Díaz deja más dudas que logros.
Gobernar desde un escritorio es sencillo. Gobernar para quien firma el cheque también. Pero gobernar para una ciudad como Ciudad Juárez exige algo mucho más complejo: escuchar a la gente, diseñar políticas públicas reales y asumir la responsabilidad cuando las cosas no funcionan.
Porque la ecología no se construye con miedo. Se construye con confianza.
