Texto y fotos Blanca Carmona
Con entusiasmo “José” expresó que nació en La Chona, como cariñosamente le dice a Ascensión, Chihuahua de donde emigró a Estados Unidos y ahora es uno de los mexicanos que construye el “Muro Negro”, en los límites entre Santa Teresa, Nuevo Mexico y Ciudad Juárez, Chihuahua.
“José” recordó que dejó México para seguir a su familia. Actualmente trabaja con una de las compañías que se adjudicó un contrato para levantar barreras de acero en Santa Teresa con las que se busca controlar la migración ilegal.
En medio del desierto y junto a la estación cuarentenaria y de exportación de la Unión Ganadera Regional de Chihuahua (UGRCH) en San Jerónimo-Santa Teresa, José y otros mexicanos hacen zanjas, echan cemento, ponen varilla y con ayuda de maquinaria instalan barrotes de acero que miden unos nueve metros de altura y están pintados de negro.
“Soy cien por ciento mexicano”, afirmó “José” para luego señalar que la mayoría de sus compañeros en esa obra son mexicanos sin dejar de reconocer que no está de acuerdo con la política de Donald Trump, pero labora con la empresa contratista porque necesita trabajar.


“Pues si me siente uno mal porque es su gente, como no. Pero pues todo es un trabajo”, dijo de forma discreta debido a que la empresa y la Patrulla Fronteriza no les permite hablar con la prensa.
El espacio donde labora los mexicanos, es el primer tramo de “Muro Negro” que se construyen en los límites entre Juárez y Santa Teresa.
En agosto del 2025 la entonces secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, dijo que Donald Trump ordenó que el muro fronterizo fuera pintando de negro para elevar la temperatura de la infraestructura y que sea más caliente al tacto, con el propósito de que los migrantes no puedan escalarlo.
El “Muro Negro” se levanta frente a otra valla metálica construida el año pasado. Con lo que el área, que regularmente se utilizaba para el tráfico ilegal de personas, cuenta con una doble barrera de acero.



