La cifra de homicidios sigue acumulándose en Ciudad Juárez, gobernada por el alcalde variopinto de Morena, Cruz Pérez Cuéllar, y la frontera ha puesto a Chihuahua en el mapa delictivo como la entidad con más violencia en el país, aunque en el escenario político se avienten la pelota de un lado a otro.
En la última jornada se registraron 8 homicidios, 4 de ellos arrojados debajo del puente que une la carretera Panamericana con el Libramiento que conduce a Santa Teresa y los otros en las calles de la ciudad que se supone cuida César Corleone desde la Policía Municipal.
Con esos crímenes, la ciudad sumó 274 asesinatos en lo que va del año, la mayoría ejecuciones en el marco de la disputa entre cárteles de las drogas, entre pandillas y polleros.
Las organizaciones protagonistas están identificadas por todas las autoridades, incluso sus territorios. La empresa en el poniente de la ciudad; la Línea al centro y oriente; el cártel de Sinaloa en el oriente y Valle de Juárez; los Mexicles al sur; Artistas Asesinos al suroriente.
Su actividad al amparo de la ley del más fuerte y de la corrupción ha hecho que nuevamente se registren crímenes de alto impacto a cualquier hora y en cualquier lugar. A ello contribuye que la ciudad tiene un vacío de autoridad con un alcalde que la mantiene en el abandono por estar concentrado en su campaña electoral, donde concentra los recursos públicos ordeñados al erario y donde poco a poco se ha ido imponiendo.
Los paleros que comen de la nómina municipal dirán que también las fuerzas estatales del Estado tienen responsabilidad. Sí la tienen, también la Federación y Harfuch, que brilla por su ausencia en Juárez, pero la principal obligación es del hombre al que en todas las bardas del estado identifican con un roedor.
