En Chihuahua y en particular en Ciudad Juárez, Morena politiza el tema de seguridad en vez de combatir a los generadores de violencia. Los motivos solo ellos lo saben, aunque en los comederos políticos les señalan oscuros intereses desde las mismas corporaciones policiacas de Ciudad Juárez, donde las complicidades con el crimen organizado se han asomado más de una vez y rebotan hasta en los aspirantes a ser candidatos a la gubernatura de Chihuahua.
Es algo difícil de ocultar y tapar con un dedo: cuando se trata de combatir frontalmente al crimen organizado, Morena parece encontrar más razones para cuestionar que para colaborar e incluso sabotear.
Primero fue en el Congreso del Estado, donde recientemente se discutieron medidas para blindar los procesos electorales frente a la intervención del crimen organizado; pero en lugar de cerrar filas en torno a reglas más estrictas para impedir la infiltración del narco en la política o hacer alguna propuesta que mejorara las iniciativas que tienen ese objetivo, Morena se opuso a la propuesta impulsada por el bloque mayoritario.
Después vino el caso del narcolaboratorio localizado en Morelos, donde, lejos de reconocer el golpe a las estructuras criminales, desde Morena surgieron cuestionamientos y ataques políticos contra la gobernadora Maru Campos; se le golpeó desde Palacio Nacional, la bancada de Morena en el Senado intentó llamarla a rendir cuentas y hasta amenazaron con hacerle juicio político… La investigación por parte de la FGR continúa abierta sin pies ni cabeza y sin sentido común.
Y el último episodio fue la inauguración de la Torre Centinela. Mientras Chihuahua pone en marcha una de sus principales herramientas de inteligencia y vigilancia contra el crimen, representantes de Morena en el estado se mantuvieron al margen. El municipio que mantiene su Policía Municipal infiltrada por el crimen organizado y no hace nada para depurarla, exige el acceso a las cámaras estatales y el alcalde en funciones, Héctor Ortiz Orpinel, exige tener acceso a las cámaras de todo el estado a cambio de sumar las del municipio, un argumento que más parece una excusa para no sumarse a la estrategia de seguridad del estado o bien, responde a otros intereses del bajo mundo.
Las preguntas a los morenos son sencillas: ¿por qué tanta resistencia a todo lo que implique fortalecer la seguridad de Chihuahua? ¿Y el argumento y postura de que la seguridad no debe politizarse? ¿Dónde quedó?
Porque combatir al crimen organizado no debería tener colores partidistas. No se trata de PAN, Morena o PRI. Se trata de que el Estado tenga inteligencia, tecnología, coordinación y capacidad para enfrentar a quienes amenazan a las familias.
Mientras Morena cuestiona, descalifica o se ausenta, Chihuahua necesita que todos estén del mismo lado: del lado de la ley y se sumen en contra del crimen organizado.
Porque en materia de seguridad, la omisión también termina siendo una postura. Y luego no les gusta que los llamen “narcopartido” o que son el “gobierno de la muerte”.
Ojalá los ciudadanos y las familias enlutadas por la inseguridad no olviden ese contexto, ni lo que está en juego: el Chihuahua que tendremos en los próximos años.


