Mientras el gobierno de México enfoca sus baterías a la defensa de la soberanía, quienes operaban uno de los narcolaboratorios más grandes de México, equivalente en importancia a los cultivos mariguaneros de Búfalo, Chihuahua, de los 1980s, poco a poco van quedando en el anonimato y en la impunidad.
Para ellos no aplica la soberanía de ningún país, operan redes transnacionales y mantienen una guerra permanente con otras organizaciones criminales para competir por rutas y mercados de consumo tanto en México como en Estados Unidos.
La zona donde se ubica el municipio de Morelos se encuentra en el llamado Triángulo Dorado, formado por Sinaloa, Durango y Chihuahua, un área de influencia del cártel de Sinaloa, disputado entre las facciones en las que se dividió, entre Mayisa y Chapitos, con operadores como Ruperto Salgueiro, el 32, uno de los líderes de Gente Nueva, que domina una parte de Chihuahua, incluyendo Parral, Chihuahua, y a otra facción vinculada a Fausto Isidro Meza Flores, alias «El Chapo Isidro». También la Línea del Cártel de Juárez disputa y tiene presencia en esa zona con operadores como el llamado “Guacho”.
Probablemente la CIA ya tenga esa información, también de la protección política y hasta militar que permitió la operación del narcolaboratorio, porque ese es el elemento esencial que permite a las organizaciones delictivas subsistir y crecer. Esos datos no se han difundido, pero sí se ha filtrado toda la operación de los 4 agentes norteamericanos, dos de ellos muertos en una volcadura a los dos días después del descubrimiento del narcolaboratorio.
Entre las filtraciones que ya se manejan, se encuentra la de que la unidad de la CIA es la misma que participó en la ubicación de Nemesio Oseguera El Mencho, que concluyó con el operativo donde fue abatido.
También serían quienes ubicaron el mega narcolaboratorio que, para muchos expertos que han vertido información mediática, está vinculado al Cártel de Sinaloa.
Por la magnitud del sitio, que contaba con dos campamentos con seis laboratorios prácticamente industriales, dedicados a la producción de drogas sintéticas sobre un área de 850 metros cuadrados con depósitos de miles de litros de componentes y precursores para producir metanfetamina.
De quién era, no se sabe con precisión, tampoco parece importarle mucho a Omar García Harfuch y al gobierno de México.
