Quien está fuera del escenario político desde que el delegado nacional del Partido Verde, Arturo Escobar, y el alcalde Cruz Pérez Cuéllar intentaron chantajear a Morena para que el llamado alcalde de la corrupción sea el candidato a la gubernatura por el Movimiento, es la diputada local Rosana Díaz Reyes, que no pudo evitar la cara de sorpresa, desencajada, cuando se hizo aquel anuncio y se quedo viendo como el representante de su nuevo partido le echaba porras al «popular» «Cruz López» que va abajo en las encuestas, pero no importa, porque «esto no es la casa de los famosos».
Rosana había sido registrada por el Partido Verde en el proceso interno para la definición de la Coordinación de Defensa de la Transformación en Chihuahua, mecanismo impulsado por la coalición conformada por Morena, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT) para definir también al candidato a la gubernatura.
Su participación representando al Verde fue impulsada y dada a conocer por el dirigente estatal del Partido Verde, Octavio Borunda Quevedo, quien antes del tropiezo de Arturo Escobar presumía que la comunicadora juarense cuenta con la experiencia, trayectoria y cercanía ciudadana necesarias para encabezar un proyecto político que represente los principios de la llamada Cuarta Transformación en la entidad y se ha consolidado como uno de los perfiles con mayor presencia dentro del movimiento, gracias a su trabajo legislativo, su actividad territorial y su vinculación permanente con diversos sectores sociales. No lo dijo, pero se hizo más famosa por la polémica que generó en la bancada de Morena por el voto a favor de créditos para el estado de Chihuahua y el posterior enfrentamiento contra Cuauhtémoc Estrada y la diputada María Antonieta Reyes, de la que salieron incluso denuncias por violencia política de género. Quizás ahora salga una nueva por la arrollada que le dieron los del Verde en sus narices al retirarle el apoyo y decantarse por Pérez Cuéllar, que ha hecho de ese partido una franquicia para chapulines reclutados de todos los partidos.
Rosana todavía no supera el trago amargo y no ha tenido apariciones públicas ni en redes sociales. Será interesante conocer su postura sobre la jugada verde que la dejó como simple pieza desechable de ajedrez, más desechable que el trato que le dieron Cuauhtémoc Estrada, su amigo Pedro Torres y, claro, Ariadna Montiel.
