En el gobierno de Cruz por donde se pise sale pus o hay tumores de corrupción aunque los paleros pagados de la estructura crucista y lambiscones que buscan hueso o negocios digan lo contrario y hastra exigan pruebas de lo que está a la vista de todos los juarenses.
Uno de los últimos casos que circula en redes sociales para poner a la vista la corrupción en el Municipio es el gimnasio Savárcar que como decía Teto Murguía, no pasó la prueba del acido.
De acuerdo con la información que circula, el Gobierno Municipal presumió y “supervisó” el gimnasio de Salvárcar y 32 días después se le colapsó parte de la obra que tuvo un costo de 8.6 millones de pesos, aunque quizás por los moches no le metieron ni la mitad y el resto se lo embolsaron.
Fue el viento dice el de las manos suciados que dirige Obras Públicas, Daniel González que ya tiene el buche lleno de malas obras entre las que destaca el estadio 8 de Diciembre que no tuvo estacionamiento y el puente Carlos Villarreal que tras una pintadita reportaron una inversión millonaria.
Pero volvieron al tema del gimnasio, con fines publicitarios y de boletines oficiales, la obra fue de Cruz Pérez Cuéllar. Tres doritos después para explicar el derrumbe, resultó ser únicamente responsabilidad de la constructora pese a la evidente omisión del Municipio en revisar calidad. Y digamos omisión porque tratandose de moches, no hay omisión, hay corrupción.
En las crónicas oficiales se consigna que el pasado 30 de junio, el alcalde interino Héctor Ortiz Orpinel y el director de Obras Públicas, Daniel González García, acudieron personalmente a “supervisar” la construcción del gimnasio municipal en el Deportivo Salvárcar. Ahí presumieron un avance del 55 por ciento, una inversión de 8 millones 596 mil 133 pesos y hasta destacaron que el proyecto representaba la continuidad del “empuje” iniciado por Pérez Cuéllar. Treinta y dos días después, parte del muro terminó en el suelo. El espacio es utilizado por niños y niñas, pero por fortuna no hubo lesionados si no hubiera pasado lo que con rodeo de la Arena Vieja donde no hubo ambulancia tras resultar lesionado un jinete y tampoco hubo permisos para el evento y de donde el alcalde juarense salió corriendo a bordo de una lujosa camioneta Cherokee digna de los nuevos ricos del pueblo.
Ahora el Municipio busca ejercer las garantías, revisar la obra y cuánta cosa se pueda ocurrir para tapar el caso y claro, evadir la responsabilidad principalmente de los Pérez Cuéllar.
Por ahí les recordaron que la empresa construye, sí; pero el Municipio contrata, paga, revisa estimaciones y supervisa. Si existieron fallas, debe explicar quién autorizó los trabajos, quién firmó las bitácoras y qué revisaron realmente los funcionarios cuando acudieron a presumir el avance.
La obra es vendida como parte del “segundo piso de la transformación”,del Gobierno de Sheinabaum que Cruz intenta utlizar para legitimarse como moreno de izquierda, pero en Ciudad Juárez ni los muros de la primera etapa logran mantenerse en pie y la obra no es federal.
Por cierto, no han difundido el nombre de la constructora, quizás sean de esas que están absorviendo los subsidios a escuelas para obras que no se licitan o será cercana a Alejandro Pérez Cuéllar. El río ya suena en los pasillos de la Presidencia municipal.
