La presidenta Claudia Sheinbaum cimbró la política en el estado de Chihuahua con el anuncio de la salida de Luisa Alcalde de Morena y su invitación a encabezar la titularidad de la Consejería Jurídica. También con la posibilidad de que Ariadna Montiel deje la Secretaría de Bienestar y busque dirigir Morena, algo que sin duda es negativo por sus ansias de meter mano al estado grande.
También está agitando las aguas con el boomerang en el que está convirtiendo el tema de los agentes de la CIA muertos en un accidente y la presunción de que participaron en el desmantelamiento del megalaboratorio localizado en Gran Morelos que, guardando dimensiones, es el nuevo búfalo de las drogas sintéticas que Estados Unidos ya tenía localizado y convertido quizás en un blanco apuntándole algún misil para destruirlo.
Este último caso divide opiniones, mientras que algunos, particularmente elementos de la Policía, reprueban que, en vez de ser premiados por el golpe al narco que dieron con el aseguramiento de los laboratorios, vayan a ser perseguidos. Es el mismo caso de la gobernadora Maru Campos. En vez de recibir felicitaciones, fue reprendida por Claudia Sheinbaum, que en Chihuahua aplica los abrazos, no balazos, y no ha parado las balas que a diario quitan la vida a cientos de jóvenes en Ciudad Juárez.
Y para acabarla de amolar, la presidenta Claudia amenaza con que Ariadna Montiel dirigirá Morena, que no es buena noticia para el estado de Chihuahua, donde tiene una fijación obsesiva por sus pasiones personales y su favoritismo hacia el alcalde Cruz Pérez Cuéllar, que es la peor calamidad que ha tenido Ciudad Juárez y que ha impedido que la llamada transformación de AMLO llegue a la frontera al manejar la ciudad como un feudo de su propiedad y regalar los bienes públicos a otros municipios, descuidando la frontera. Esa propuesta de un mal gobierno busca extenderla a todo Chihuahua, aunque ya los mismos habitantes del estado la rechazan y mantienen al alcalde fronterizo en el sótano de todas las encuestas.
