La presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes, nuevamente insistió en que habrá tarjeta roja a quien se le pruebe corrupción y nexos con el crimen organizado, una premisa que se impondrá en el proceso interno para elegir a coordinadores estatales de la 4T, una figura creada para adelantar las campañas electorales, puesto que se convertirán en los candidatos del partido fundado por AMLO en los 18 estados donde habrá elecciones.
Su discurso político plasmado este día en una entrevista brindada a El Universal choca y se hace añicos con la realidad frente a proyectos políticos como el que encabeza el alcalde Cruz Pérez Cuéllar, a quien ella y su grupo político creado en las entrañas de la Secretaría de Bienestar apoya abiertamente en Chihuahua.
Según Ariadna, los corruptos serán pasados por la Comisión de Honestidad y Justicia, donde obviamente tendrá que haber las famosas pruebas de corrupción que la 4T exige en casos como el de Rubén Rocha Moya y otros acusados de “narcopolítica” por el gobierno de Estados Unidos. De antemano, Montiel acusa a la oposición de construir una narrativa de que el movimiento tiene vínculos con el crimen organizado, “y lo rechazamos tajantemente”, dice.
Sin embargo, afirma que bajo su dirección el partido guinda actuará “de manera inmediata” frente a casos de candidatos, gobernantes y legisladores emanados de su partido a quienes se les comprueben actos de corrupción o nexos con el crimen organizado. Asegura que el partido no puede ser un manto protector para nadie que no busque su principio fundamental: servir al pueblo.
Pero para muchos no hay duda, ninguna duda, de que le permitirá al alcalde Cruz Pérez Cuéllar continuar en el proceso interno de Morena, y las declaraciones de ella misma hablando de los involucrados en la nómina secreta de César Duarte, en las que excluye al presidente municipal con licencia, lo confirman. Viene un manto protector a la corrupción que priva en el municipio y de la que hay denuncias formales en todas las instancias anticorrupción y, más aún, la que la misma población juarense ha constatado desde el momento en que el edil se cambió a vivir a El Campestre, después a Campos Elíseos y actualmente en Los Nogales. Desde el momento en que mandó a estudiar a sus hijos al extranjero; desde el momento en que metió a toda la parentela en la nómina municipal; desde el momento en que durante el crucismo se instalaron tienditas de drogas en los baños de cada bar o centro nocturno, y la lista es larga.
