La sesión del Cabildo de Ciudad Juárez se convirtió en un escenario de fuerte confrontación política tras las severas inundaciones que afectaron a cerca de 800 familias en los fraccionamientos Gardeno y Natura. Los residentes afectados acudieron al recinto para exigir soluciones urgentes e infraestructura pluvial luego de que el desbordamiento y posterior colapso de la barda de un dique inundara sus viviendas y vehículos, alcanzando el agua niveles de hasta un metro de altura.
La tensión escaló rápidamente cuando la diputada del PAN, Xóchitl Contreras, interrumpió la sesión ordinaria junto con los vecinos para entregar un documento formal de exigencia al presidente municipal en funciones, Héctor Ortiz Orpinel. La legisladora cuestionó duramente la inacción del Gobierno Municipal, señalando que los colonos han solicitado mantenimiento para dicho vaso de captación desde el año 2021 sin obtener respuestas definitivas. En respuesta, el alcalde Ortiz Orpinel rechazó de manera categórica las acusaciones de negligencia e intercambió fuertes reclamos verbales con la diputada. Mientras la autoridad local acusaba a la oposición de utilizar la tragedia de las familias como un mitin y «trampolín político», el debate se entrampó en señalamientos de elusión de responsabilidades e ineficiencia en el gasto público de la ciudad. Horas antes había acusado al Gobierno del Estado de simular la atención a los daños.
Sin duda, la tragedia pluvial en los fraccionamientos Gardeno y Natura no solo desnudó la precaria infraestructura de Ciudad Juárez, sino que desató un burdo espectáculo de evasión política en el Cabildo. Es inadmisible que, ante cerca de 800 viviendas inundadas y familias que perdieron el patrimonio de toda una vida, la respuesta inmediata de las autoridades sea el señalamiento y la división partidista para lavarse las manos. La irrupción de los damnificados en el recinto municipal no fue un acto de provocación, sino el grito desesperado de ciudadanos atrapados en un fuego cruzado donde la burocracia pesa más que la empatía y la urgencia comunitaria.
En el centro de la escena, la postura del alcalde en funciones, Héctor Ortiz Orpinel, resulta sumamente cuestionable al recurrir al gastado guion de culpar a otros para evadir su propia competencia. Es obvio que le quedo grande el paquete de admnistrar al gobierno municipal de Ciudad Juárez y se entiende por la contaminación que dejo el Crucismo con todo tipo de larvas de corrupcion; pero lo que no se entiende, es la indolencia ante los reclamos ciudadanos. Y los regidores, como siempre, sólo dibujados y si hablaron, sólo fue para defender la indolencia municipal.
Al acusar a la oposición de «politizar» la desgracia y arremeter contra el Gobierno del Estado, el edil parece más preocupado por blindar la imagen de su administración que por asumir la responsabilidad civil que le corresponde al municipio. Intentar «lavarse las manos» argumentando que las obras de gran escala son de jurisdicción estatal o federal es un recurso retórico cómodo, pero éticamente inaceptable cuando las calles que se convirtieron en ríos están bajo el cuidado y la planeación del Ayuntamiento local.
Es verdad que la diputada panista Xóchitl Contreras aprovechó el escenario para lanzar sus propios dardos, pero la denuncia de fondo sobre el abandono institucional desde 2021 y la existencia de oficios de Protección Civil que pretendían responsabilizar a los vecinos es una realidad que el municipio no puede sacudirse con discursos. La estrategia del alcalde Ortiz de desviar la atención hacia el gobierno estatal que está haciendo su parte a través de la JMAS Juárez y Obras Públicas estatales solo habla de que no sabe gobernar para los juarenses. En lugar de liderar una respuesta institucional unificada, la alcaldía optó por el deslinde de competencias, un ejercicio de gimnasia política que en nada ayuda a sacar el agua de las casas afectadas y menos trabajar para evitar más afectaciones.
Al final, la sesión del Cabildo de este miércoles concluyó con la promesa de mesas de trabajo y apoyos extraordinarios, promesas tibias que huelen a control de daños y que no fijan plazos definitivos para solucionar el problema de raíz. Mientras el alcalde Ortiz Orpinel busca culpables en los niveles superiores de gobierno para justificar la inacción, los habitantes de Gardeno y Natura quedan en el desamparo de una infraestructura pluvial colapsada. La ciudadanía de Juárez no necesita gobernantes expertos en deslindarse de responsabilidades; exige líderes capaces de asumir el mando, coordinar soluciones y garantizar que una lluvia no vuelva a costarles su tranquilidad.

