La virulenta reacción en cadena de los liderazgos de Morena ante las columnas de Héctor de Mauleón negando categóricamente una reunión de Ariadna Montiel con Aureliano Guzmán Loera, alias «El Guano» , devela el tamaño de la fractura y el nerviosismo que sacude al oficialismo en Chihuahua. La defensa corporativa no tardó en articularse a través de figuras clave de la entidad, quienes cerraron filas de manera casi automática.
En Chihuahua personajes como el alcalde con licencia de Ciudad Juárez y candidato de Morena a la gubernatura, Cruz Pérez Cuéllar, y el estratega mediático Pedro Torres, además del bloque montielista del Bienestar, se apresuraron a calificar en redes sociales las revelaciones como un burdo intento de «guerra sucia» orquestado desde la oposición panista. Sin embargo, al centrar su discurso exclusivamente en el linchamiento político y el golpeteo electoral, los operadores de la llamada Cuarta Transformación terminaron por eludir el fondo de la denuncia: la presunta infiltración criminal en las estructuras de poder del Estado.
La pieza central de este control de daños la protagonizó la propia dirigente nacional de Morena Ariadna Montiel, cuya inusual y encendida reacción en la plataforma X dejó al descubierto la gravedad del impacto en su línea de flotación política.
Montiel cayó en la desesperación al ver el tema fuera de su control, y se enfrascó en un ríspido debate digital con el periodista para intentar desmentir las acusaciones y salvaguardar una imagen pública severamente abollada. Ese intercambio, que por momentos rayó en la desesperación discursiva, no hizo más que amplificar el alcance de la columna original. Al intentar apagar el fuego con la narrativa del complot mediático, la funcionaria terminó atrayendo aún más reflectores hacia un expediente que la vincula con zonas de alta peligrosidad delictiva.
A esta operática de desmentidos se sumó Juan Carlos Loera, quien saltó a la palestra para defenderse a sí mismo y negar haber participado en la supuesta reunión y claro, sus cercanos dicen que no pudo haber estado junto a Montiel porque para entonces ya había un distanciamiento con el Montielismo.
No obstante, el andamiaje defensivo de Morena topó con un silencio altamente crítico en la cúpula del poder federal: la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, encabezada por Omar García Harfuch, no desmintió de manera contundente la existencia o contenido del reporte de seguridad invocado por el columnista. Quizás lo haga por estrategia en la siguiente mañanera en la que participe, pero al no emitir una negativa institucional tajante sobre el documento, la gestión de Harfuch terminó otorgándole indirectamente una enorme credibilidad a Mauleón, validando en la percepción pública que los papeles de inteligencia federal existen, aunque resulten incómodos para el oficialismo
Este episodio expone, además, las profundas e históricas rivalidades que coexisten dentro del propio morenismo chihuahuense, donde el pragmatismo obliga a treguas artificiales ante las crisis. Sin embargo, la gravedad del golpe de Mauleón los forzó a un repliegue táctico unificado. Ninguno de los actores de Morena podía permitirse el silencio, pues la caída de Montiel implicaría el colapso del andamiaje político que sostiene las aspiraciones del partido para arrebatarle la gubernatura al PAN. El cierre de filas responde, entonces, a un instinto de supervivencia colectiva más que a una genuina convicción de inocencia.

