Quien no se la acaba es el presidente de la Unión Ganadera de Chihuahua, Alvaro Bustillos, quien apenas estaba calmando las aguas que brotaron tras su reelección cuando Estados Unidos decide cerrar nuevamente la frontera al ganado de México por culpa del gusano barrenador ya detectado en una persona en México.
Bustillos se encontraba apagando polémicas que se centraban en el famoso Vacanet, señalamientos de prácticas monopólicas en los corrales de Jerónimo-Santa Teresa cuando viene Donald Trump a jalarle las orejas a la ganadería mexicana.
Estados Unidos le notificó la decisión al secretario de Agricultura del gobierno de México, Julio Bedegué, quien dijo que la medida se tomó luego de una llamada con su homóloga estadounidense, Brooke Rollins. El motivo de la cancelación de las exportaciones mexicanas de ganado es la revisión de la estrategia conjunta contra el gusano barrenador que se alimenta de tejido vivo de animales y humanos.
La presencia de esta plaga es evidente y lo más aterrador es que ya hay un caso humano detectado apenas en marzo de este año en el estado de Chiapas en una mujer de 77 años a quien le diagnosticaron miasis, es decir, infestación de larvas parasitarias.
El cierre de exportación de ganado de México a Estados Unidos es, sin duda, un golpe fuerte a la economía, particularmente de Chihuahua, donde no se ha detectado su presencia. Pero llama la atención que la preocupación del Gobierno de México se centra únicamente en abrir las fronteras y no en la salud de la población. No se ve ninguna campaña de prevención; mínimo debería haber.
