Los focos rojos están encendidos entre empresarios de la ciudad por los casos de secuestros y extorsiones que se han venido presentando recientemente, que recuerdan los años más violentos de Juárez, allá por el 2009.
El secuestro no estaba erradicado en la frontera, hay que decirlo, pero se concentraba en los flujos de migración donde las víctimas que se cuentan por centenares eran personas en situación de movilidad que poco podían hacer para evitar su plagio. De eso Gil Loya da cuenta del rescate de unos 1300 migrantes el año pasado.
Ahora, con el bloqueo de Donald Trump a los migrantes y a las drogas usando hasta al Ejército Norteamericano, los flujos han disminuido, la droga es obvio que se está quedando en Juárez y hay menos ganancias. Por eso, pudiera estar sufriendo algo similar al 2009 cuando la delincuencia organizada fijó sus ojos en la sociedad civil y comenzó la pesadilla para los empresarios juarenses y también paseños.
Son secuestradores que se entrenaron y ensañaron con migrantes, se especializaron, dicen algunos expertos. Darán dolor de cabeza a la Fiscalía y más con personeros como Carlos Manuel Salas que nomás arrastra un 95 por ciento de ineficiencia e impunidad en las carpetas de investigación. Es un dato señalado por la misma Ficosec.
Del secretario de Seguridad Pública Municipal, César Omar Muñoz no hablemos. Sus muchachitos se hacen de la vista gorda en cada bar y restaurante donde los grupos delictivos operan la venta de droga y dónde será fácil para ellos operar también el secuestro de clientes.
Por lo pronto, las cifras señalan que van 25 secuestros, uno a un estadounidense afuera de un Pockets, reportados por la misma Fiscalía General del Estado a medios de comunicación y desde el 2024, en 14 de ellos las familias de las víctimas pagaron montos cuantiosos para que liberen a sus seres queridos. Los plagiarios usaron violencia extrema en algunos casos mutilando a sus víctimas para amedrentar a que pagarán el rescate.

