El pasado 19 de mayo se cumplieron 16 años de la desaparición de Esmeralda Castillo, una adolescente de 14 años que salió de su casa para ir a la escuela y ya no regresó más. Atrás dejó a su padre, José Luis Castillo, quien se encontraba enfermo y a quien había cuidado, y quien la acompañó hasta la puerta de su casa, insistiendo en que no faltara a sus clases.
Desde entonces, la búsqueda de José Luis no ha cesado y ha sido víctima de la indolencia de las autoridades de cualquier nivel de gobierno y de cualquier color, quienes mantienen el caso como uno más en el montón y ni con los antecedentes del Campo Algodonero, que le generó una sentencia a México en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ha podido articular políticas certeras que prevengan y atiendan las desapariciones de mujeres y los feminicidios. Sólo han generado programas de gobierno con los que activistas y organizaciones contra la violencia de género han sido incorporadas al presupuesto público y desintegrada prácticamente la lucha en contra de ese flagelo.
En el año 2014, autoridades de Chihuahua le informaron al señor Castillo que habían encontrado a su hija sin vida. Le enseñaron una tibia que resguardaban en un sobre amarillo, diciendo que era lo único que habían encontrado de ella, pero se negaron a una segunda verificación de ADN e incluso, cuando un laboratorio extranjero les ofreció hacer el análisis fuera de México.
Para José Luis la lucha no termina y su esfuerzo se ha convertido en un referente nacional e internacional que recuerda el caso de Marisela Escobedo, que sola marchaba de Ciudad Juárez a Chihuahua para exigir justicia hasta que le quitaron la vida a las puertas del Palacio de Gobierno en la capital. Sin embargo, el señor Castillo no está solo. Hoy colectivos de Madres Buscadoras, el colectivo Todos Somos Erick Carrillo y organizaciones provenientes de Baja California, Sonora y Chihuahua, a quienes encabezará, harán un rastreo de restos humanos en el Arroyo del Navajo para buscar personas desaparecidas.
Los activistas señalan que aquí se está presentando un fenómeno que las autoridades no atienden. Las desapariciones van en aumento y se tienen indicios de que personas reportadas en Chihuahua han aparecido sin vida en Baja California y viceversa. Por eso, la búsqueda de hoy y mañana en el Arroyo del Navajo, allá por el Valle de Juárez, una zona desértica ubicada al oriente del municipio de Juárez que se convirtió en narcocementerio y panteón al aire libre de víctimas de feminicidio desde hace algunos años.
