Ni los esfuerzos de Cruz Pérez Cuéllar por influir en los medios a los que paga con recursos públicos más de 350 millones de pesos anuales en publicidad, lograron ocultar el crecimiento político que tiene Marco Bonilla con rumbo al 2027 al tomar posesión como coordinador de la Defensa de la Patria, la Familia y la Libertad del Partido Acción Nacional.
La desesperación obligó a Quasimodo Nájera a intentar sabotajes, desde Comunicación Social del Municipio, se emitió un breve boletín el mismo sábado asegurando que la asistencia al acto donde Bonilla rindió protesta fue de 4 mil personas y antes el cuauhtemense Héctor Ortiz puso algunas trabas en los permisos que él mismo bajo al no poderlas sostener; pero las fotos fueron elocuentes y echaron abajo la burda maniobra cruzista. La explanada de la 16 de Septiembre lució abarrotada. Entre 15 mil y 18 mil personas estimaron los organizadores del evento para apoyar a Bonilla.
La suma es importante; es en el principal bastión morenista de Ciudad Juárez y la zona más abandonada por el alcalde Cruz Pérez Cuéllar, el centro histórico de la ciudad, donde comúnmente el comercio extorsiona a los pueblos indígenas, permite la venta de droga y todo tipo de actividad ilícita y hasta se hicieron transas desde el municipio comprando botes de basura en 50 mil pesos o pintando murales chafas para ordeñar las arcas municipales.
Sin embargo, es el punto donde se fundó la antigua Paso del Norte, donde estuvo Benito Juárez y donde Villa, Orozco y Madero tomaron Ciudad Juárez para derribar al régimen de Porfirio Díaz y donde también ardió el verano del 86 y Francisco Villarreal enarboló la bandera del federalismo. De ahí la importancia del arranque de Bonilla y que una de sus banderas principales sea la defensa de Ciudad Juárez frente a Morena, representado por Cruz Pérez Cuéllar y su corrupción.
El reciente acto masivo en Ciudad Juárez, donde Marco Bonilla rindió protesta como coordinador de la Defensa de la Patria, la Familia y la Libertad, marca un antes y un después en la dinámica política de Chihuahua. Acompañado por figuras de peso como la gobernadora Maru Campos y el dirigente nacional del PAN, Jorge Romero, Bonilla no solo congregó a una multitud ferviente, sino que inyectó una energía renovada al panismo estatal. Su discurso, centrado en devolverle a Juárez la dignidad, la infraestructura y la seguridad que por justicia le corresponden, resonó con fuerza en una frontera históricamente combativa y democrática, consolidándolo como el catalizador de la esperanza regional.
Este despliegue de músculo político y respaldo ciudadano contrasta drásticamente con la discreta y deslucida toma de posesión del candidato de Morena, Cruz Pérez Cuéllar, en la Ciudad de México. Mientras Bonilla se sumergió en un auténtico baño de masas que reflejó una genuina conexión popular, el evento del morenista transcurrió sin pena ni gloria, evidenciando un preocupante vacío de entusiasmo.
La fría respuesta que rodeó a Pérez Cuéllar dejó al descubierto que las estructuras de su partido operan más por inercia burocrática que por convicción viva, incapaces de generar el fervor y la mística que hoy desborda el proyecto de la coalición opositora.





