En su visita a Estados Unidos, al presidente municipal Cruz Pérez Cuéllar se le vio con el ceño compungido, como ya es su costumbre cuando está preocupado o molesto porque las cosas no van bien y le exhiben una que otra corruptela; en la que, si no está metida la familia Enríquez, está la mano de los Pérez, o por ver las encuestas donde abajo va, o alguna travesura de la Policía Municipal cuyos elementos se han visto exhibidos desde el año pasado por estar inmiscuidos con La Empresa, apoyando las tareas que el gobierno de Donald Trump ha catalogado de narcoterrorismo e incluso muriendo en la raya protegiendo a narcos como el Delta 1.
Quizás por eso apareció el miércoles con cara de diarrea de dos días al acudir al encuentro de México–Nuevo México Advocacy Day, realizado en el Capitolio del Estado de Nuevo México, algo que, por aparecer en la famosa lista de Rubio, del Departamento de Estado norteamericano, muchos pensaron que no haría por la política del Departamento de Estado de mínimo retirar visados y máximo invadir países como Venezuela para detener a su presidente acusado de narcoterrorismo. Cruz ya ha cruzado varias veces y también varias veces se ha exhibido la corrupción de su gobierno en la Policía Municipal con agentes, incluyendo mandos, bien metidos en la maña. Algo que los norteamericanos seguro saben a la perfección.
No ir a Estados Unidos es dar una mala señal política, y el presidente municipal asumió el riesgo; posteriormente, se autoaplaudió con la publicidad pagada, las páginas falsas en redes sociales desplegadas con recursos públicos y la nómina secreta de plumas que solo mostraron que sí hay temor ante cualquier posible acción estadounidense.. Pero Cruz hizo algo al estilo Nicolás Maduro, que a gritos pedía que fueran por él los gringos.
Hace dos décadas el poderoso otrora líder del cartel de Juárez Vicente Carrillo Fuentes, el Viceroy, también cruzaba la frontera. Eran los años 1990 y tenía hasta departamento en El Paso, Texas, donde le localizaron credenciales de la entonces PGR, firmadas por el mismísimo procurador. Iba y venía y también habitaba en Ciudad Juárez en una casa de seguridad ahí por la calle Río Amazonas en Los Nogales, donde fue sorprendido en alguna ocasión, pero no molestado. Sus andanzas están documentadas en pocos medios como el semanario Zeta. Nunca fue detenido ni allá ni acá, pero finalmente fue capturado y entregado al gobierno de Trump tras unos cuantos manotazos con amenazas de aranceles para México. Igual pasa con algunos políticos a los que ya les quitaron las visas.
Pero a Cruz eso no le importa; con una lavada de manos, en cualquier momento puede hacer a un lado a los mandos corruptos de la Policía Municipal y seguir su camino político. Ya lo ha hecho hasta con la cuñada de su esposa y el esposo de su hermana, con más un policía corrupto que puede enlodarlo en los pantanos de La Maña. De cualquier forma, cruzó la frontera, pero no se le vii tranquilo, más bien como se dice en México, «cruzó con el culo en la mano» y con la cola entre las patas



